domingo, 29 de marzo de 2009

Segundo sueño, poema de Bernardo Ortiz de Montellano


Segundo sueño.

Argumento: Una máscara de cloroformo, verde y olorosa a éter, cae sobre mi cuerpo angustiado, horizontal, sobre la mesa de operaciones erizada de signos… Grito. Veo mis gritos que no se oyen, que no los oigo, que se alejan y se pierden.
Última imagen mi boca… Angustia y soledad. El cuerpo vive. ¿Alma? ¿Cuerpo?... Lo último que se pierde es el oído. Una voz nos lleva y una voz —la misma— nos trae desde muy lejos, desde otro túnel maternal, en ascenso del fantasma a la carne y del silencio al rumor.
(Apuntes después de la anestesia).

Au fond de l’inconnu pour trouver du nouveau.

Ch. Baudelaire.

Del sonido a la piedra y de la voz al sueño
en la postura eterna del dormido
sobre mármol de cirios y cuchillos
ofensa a la raíz
del árbol de la sangre —concentrado—
mi cuerpo vivo, mío
mi concha de armadillo
triángulo de color sentido y movimiento
contorno de mi mundo que me adhiere y me forma
y me conduce
del sonido a la voz y de la voz al suelo.

Batas blancas y manos como encías
pasos leves de gomas de ratones
luz hendida, amarilla, luz que hiere
bisturí del más hondo hueco de sombra oculta
luz de paredes blancas, anémica, de mármol
nidos del algodón para lo verde y negro
de la vida y la muerte.

Mármoles y aluminios
que no empaña el reflejo ni el aliento ni el alba
de unos ojos de niño
luz de allá de la llama amarillenta
para el aire del éter más fino de los cielos
nidos del algodón para las alas de los peces del alcanfor y el yodo
líquidos mensajeros de la muerte.



¡Oh, Saturno!
escafandra de siglos en mi siglo
descenderás conmigo entre los brazos
a un mundo de sigilos.

Y detrás de la muerte —centinelas—
ojos de dos en dos vivos, cautivos.

*

Soy el último testigo de mi cuerpo.

Veo los rostros, la sabana, los cuchillos, las voces
y el calor de mi sangre que enrojece los bordes
¡y el olor de mi aliento tan alegre y tan mío!

Soy el último testigo de mi cuerpo
siento que siento
lo frío del mármol
y lo verde
y lo negro
de mi pensamiento

Soy el último testigo de mi cuerpo.

*

Postigo de sangre y llamas
que bajo la piel respira
equilibrio de las palmas
que los vientos equilibra
onda de otra mar salina
con la tierra horizontada
para paloma perdida
y entre latidos hallada.

Vida que por mí vigila
oculta detrás del alma
la que mi cuerpo equilibra
postigo de sangre y llamas
mi nombre mi edad mi cuerpo
ese que fui lo he olvidado
soy el alma que me hice
y el cuerpo que me han quitado.

*

(Minero de mis ojos y mi oído
minero de mi cuerpo oscurecido
buzo perdido entre sus propias redes
horadando prisiones y montañas
por el silencio a flor de mis entrañas
en donde se evapora lo sentido
entre lunas, calor, sangre y paredes
desciendo verdinegro y aturdido).

*

Ni vivo ni muerto —sólo solo—
el alma que me hice no la encuentro
sin sentidos, despierto
con mi sangre, dormido
vivo y muerto
perdido para mí
pero para los otros
hallado, junto, cerca, convivido,
con pulso, sangre, corazón ardiendo…

*

Esqueleto de nieve y de silencio
de sombra recogida en su vislumbre
desnudo en el dintel de los desiertos,
forma distinta de belleza rara
que la voz de mi estatua
no pudo asir desde su estrecha plaza,
esparce su corona de equilibrios
en mi silencio enjuto y envidiable
más allá de la boca de los pinos
que al tiempo alternan su minuto de aire.

Para un Dios sin latidos —Dios de sueño—
abrevia mi silencio en su silencio
donde crece la luna
donde agoniza el pájaro
donde el Espacio ignora su piel leve

*

Para que el árbol goce de su verde
la raíz nace oculta y amarilla
y de savia la sangre se acuchilla
y de aroma su fruta la piel muerde.

Para que el árbol goce de su verde

Para que el hombre nutra su ceniza
guarda calor en la inválida mano
sollozo mutilado en la sonrisa
y la caricia verde del gusano.

Para que el hombre nutra su ceniza.

Para que el alma su cordaje mida
desistida del cuerpo y de la fecha
impersonal como la muerte acecha
la memoria dispersa de su vida.

Para que el alma su cordaje mida.

Para que el sueño con sus pies descubra
la morada precisa de la muerte
tiene el ojo conciencia de lo inerte
y la voz; el silencio y la penumbra.

Para que el sueño con sus pies descubra
la morada precisa de la muerte.

*

Él que goza su cuerpo y su sonrisa
él que pesa la rosa
él que se baña en púrpuras de sangre
espesa como mármol sin caricia
él que vive a la sombra deshojada
del aire poco que respira y mancha
el verde por la orina verdenado
el plateado en ceniza
que horada
hiere
mientras goza el rescoldo de la muerte
él que de la mujer nada recibe
y al hombre no da nada
él que asoma a los ojos sin cruzarlos
el partido por dos y en dos mitades
iguales repartido
él sin olor
el hombre
sólo por la palabra redimido.

*
Alúcida veloz clara ceñuda
desnuda sofocada misteriosa
menuda pura impura deseada
libre precisa frágil despojada
sola solemne solitaria y alma.

Alúcida veloz cálida oscura
orgullosa dolida apasionada
ávida tímida arrojada sobria
sensible fina libre leve dueña
multiforme constante sangre sangra.

*

Debe ser débil rama la que a tu voz responde
impreciso el dominio del fantasma
y de la muerte
llano el césped de lirios y delirios
por donde corra libre lamento el de la mente
debe ser fango el frío de las horas después
cuando se apague el fuego de la sangre
y el postigo y la llama, horrendo el cataclismo de la separación de lo que unido
fue vida y fue veneno,
para que desde el mármol olvido de mi cuerpo
tu voz de viento y sombra de medida medida
de calores delgados
me atraiga y me deslice y me conduzca
otra vez al torrente de la vida.

Debe ser débil rama mi voluntad,
humo la sensitiva de mi mano
y mi presencia aislada y amarilla
cuando tu voz ariadna, voz de viento y de sombra
caracol de palabras,
es mi último recuerdo y mi primer llamada
apenas balbuceo
en forma de palabra
que de nuevo me arranca a las entrañas
y me nace del sueño.

*

Luz que del sueño torna -forma clara,
luz, presencia, color y movimiento
sin peso y sin pesar, desenlutada
que a las cosas devuelve su aislamiento.

Luz que del sueño vuelve -forma viva,
insistente mirar de la mirada
absorta, nueva, día,
y por primera vez iluminada.

Aire corredor
forma desnuda
en su volumen fresco
y en su modo de ser casi de fruta
aire que muerdo a gritos y cuchillos
por la primera vez
como un ahogado
que a la orilla del aire
sabe que respirar es verbo, gracia y pájaro.

Diluido en alegría
encuentro justo el mundo que se toca
se mira y me compara,
el multiforme y único
el mundo de mis piernas y mis brazos
discípulos del ojo
maestro de distancias,
el mundo colmenero de voluntad y llamas,
calles, ciudades, hombres, amenazas,
imágenes, prisiones, ríos, ventanas,
triángulo de colores que me devuelve el alma.

Voz que del sueño vuelve,
adonde la caricia no penetra
desciende, alegra, el aire, el sol, la sangre…

y me despierta.