jueves, 3 de julio de 2008

“Que solos y tristes se quedan los muertos”


“Que solos y tristes se quedan los muertos”


Lo anterior no se si lo leí en alguna parte o se me ocurrió en el sepelio de Don Germán que por cierto estuvo muy desangelado, solo un sobrino que se hizo cargo del funeral y cuando le di el pésame me dijo:- Mi tío realmente no tenia en que caerse muerto. Pues ni un traje decente tenía para enterrarlo, todo me ha costado a mí- y dos periodistas de un tabloide sensacionalista buscando la nota periodística, ya que don Germán tuvo su momento de gloria cuando fue asesinado sin motivo aparente con un desarmador, que con un certero golpe le partió el corazón.

Pero ¿Cuál era el motivo por el que yo estaba acompañando al pobre viejo solitario en su entierro? Con su último traje que por cierto era un ataúd de madera barato, enterrado en la sección más económica del cementerio y desde luego no a perpetuidad, sin ninguna lápida, solo cubierto por la vil tierra.

Todo empezó creo yo, con mi divorcio, cuando mi mujer se aburrió del abandono en que la tenía por mis ocupaciones, y la partida del último de mis tres hijos cuando se casó. Solo me dijo: -Adiós, te quedas con tus miserias-. Y simplemente se fue.

De repente me vi solo, pues también en el trabajo me jubilaron y a mis 59 años no tenía nada que hacer o en que ocuparme. En la alberca de un club deportivo de mala muerte al que pertenezco, pensando en mi nueva situación escuché a un joven decirle a su acompañante –voy por un screwdriver--.

Screwdriver, -¿y por que no?- También yo fui al bar a tomarme un desarmador, pidiéndoselo al cantinero en español. Este sonrió y al servírmelo enfatizó: -Aquí tiene su screwdriver.
Que terrible es la soledad. No tenía con quien hablar, y cuando mi vecino Don Germán un octogenario que vivía solo, que cotidianamente salía a dar su paseo vespertino saludando a todos buscando plática, me saludó y estuvimos hablando largamente, supe cuál sería mi misión de aquí en adelante: ayudar a la gente solitaria.

¡Y si! Como ya ustedes lo comprendieron, yo fui el que con un largo y afilado desarmador para ser congruente con mis actos buscó el corazón de Don Germán, pues es mejor la soledad muerto que vivo -¿No creen?-.
Hay tanta gente sola, por lo que tendré mucho trabajo de aquí en adelante.

Sin embargo:

“Que solos y tristes se quedan los muertos”

Autor: Héctor Gantenbein



2 comentarios:

Jesús dijo...

Jejejeje, hombre algo mejor se podría hacer, haberle regalado una computadora para que entretuviera con esto de los blogs.
Muy buen relato

Iván dijo...

¡Me sorprendió eh! nunca me imaginé para donde iba.
Ya en tono crítico, creo que tiene párrafos e ideas muy bien logradas. Falta coherencia en ciertos lapsos pero me sorprende. Te va más la narrativa que la filosofía jajaj estoy bromeando, saludos.